jueves, 12 de junio de 2025

Resaca

En el profundo abismo de tu desinterés puedo sentir el frío del desprecio.
El dolor del abandono.
Incluso la ausencia se clava en mi piel como dagas finas, dejando heridas que no se ven, pero sangran.

Puedo navegar en este mar cruel de emociones, entre tormentas de silencios y el miedo constante a olvidarte.
Puedo vivir contigo como un fantasma en mis sueños.
Puedo resignarme a la idea de que todo se terminó, aunque yo te quería para siempre.
Puedo respirar la agonía de morir un poco todos los días con la única ilusión de vivir uno más a tu lado.

Saldré de esta tormenta.

Pero lo único que no entiendo es tu odio.
¿Tanto daño te hice?
¿Qué hice para merecer tus burlas, tu rabia y ese veneno que ahora me lanzas?
Mi amor… ¿De verdad necesitabas romperme y luego reírte de los pedazos?

La decepción se transforma en aborrecimiento.
Tengo un nudo en la garganta, pero ya no duele: arde.
Y lo único que encuentro en tus ojos es el reflejo de todo lo que detesto.

¿Cómo puedo dejar de sentirme así?
Sanar todos los días se siente inútil, como una lucha perdida desde que fuiste tú quien me dejó.
¿Cómo cuidar mi corazón y recordarte con cariño, si tú mismo apuñalas las heridas que te mostré?

Entiendo que hayas dejado de amarme.
Puedo lidiar con eso.
Pero no puedo entender qué te hice para que me odiaras tanto.

Te dejé ir…
¿Por qué me detestas?

No sé si algún día tendré esa respuesta.
Quizá nunca.
Quizá siempre me quede flotando esta duda como un puñal sin filo.

Pero lo que sí sé es que ahora… lo único que siento por ti es desprecio.
El dolor y la rabia se mezclan como una danza cruel que me obliga a mirarte sabiendo lo miserable que puedes llegar a ser.

¿Por qué haces que me avergüence de haberte amado hasta la locura?
¿Por qué mis llantos, mis súplicas, mi agonía… son tu diversión?

No quiero respuestas.
No quiero nada tuyo.

Quiero olvido.
Quiero silencio.
Quiero no reconocerte si alguna vez te cruzo por la vida.

Porque amarte fue mi error.
El juego del desprecio me lo enseñaste tú.
Lástima que mi corazón nunca aprendió a burlarse del dolor de quien alguna vez amó.
No soy tan despreciable.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Noches prestadas

 Que otra vez, porque otra vez… Otra vez. Soñando despierta con lo que anhelo, congelándome la piel con lo que es. Explorando las risas que ...