lunes, 30 de junio de 2025

90

Vulnerable es sinónimo de tonta.
Expuesta es sinónimo de abandono.

Yo escribí esas líneas que, con mi sangre, se marcaron en la cornisa de la que salté por una infundada voluntad.

Me tragué el cuento que me diste de comer, hambrienta de amor.
Lloraba con el estómago tan vacío como mi corazón.
Me bebí tus promesas como si fuesen agua; trago a trago sentía el veneno quemándome la garganta.
Pero lo dejé ser, lo dejé estar.

Era mejor morir de amor que vivir sin ti...

Pero no morí.

Mi carne fatigada se pulverizó de pronto, en el viento que lo azotaba con crueldad.
Y de mis entrañas deshechas creció la vida que, sin dudar, te regalé.
Un espectáculo que tus ojos no quieren ver.

Noventa días parecen imposibles cuando el amor de mi corazón responde a su naturaleza de querer.

Me entusiasmo fácil, me entrego pronto, me rindo sin nada más que una caricia a medias.
Porque no sé hacerlo de otro modo, no sé cómo ser distinta, no tengo idea de cómo apartarme del placer que me genera amarte.

Respiro indiferencia y comprendo que no soy deseada.
Pero espero, paciente, que un nuevo aire limpie tus intereses y te entregues un poco.

Pero no es posible. No es lógico.
Si desde tu herida amas como puedes, ¿qué hago esperando que dar mi cuerpo y mi corazón enciendan en ti el más importante rasgo de amar?

¿No soy digna de recuperar?

Qué inestable tortura...




De verdad

Bajo la lluvia que empapa el fértil deseo de un anhelo enterrado, brota una flor de tallos delgados y pétalos etéreos. Brillan bajo la luz de la noche que, tenue, resplandece entre los miedos del pasado, las dudas del presente y el esperanzador anhelo del futuro.

Es una promesa de posibilidades que solo florece cuando se ha cumplido la voluntad del corazón, que, sanando, la riega con agua de sal cargada de esperanza.

El tiempo se vuelve aliado en esta guerra contra el dolor. Se presta como refugio, abre sus brazos a las posibilidades del amor.

Estoy sentada a oscuras, mirando un mundo que no me pertenece, pero del que ya soy parte. No puedo evitar el llanto que me ciega… y no quiero evitarlo.

Disfruto el calor de tu existencia, el tacto de tu piel y el aroma de tus besos. Al mismo tiempo, disfruto el dolor agonizante de tus mentiras, el dolor punzante de lo que ocultas, y el dolor resignado que me dejaste cuando te fuiste.

¿Fui demasiado tonta?
No, no te he perdonado… pero tal vez te he perdonado.

Siento cómo me come el estómago en silencio la ansiedad de tu respuesta cuando desapareces de mi vista. Siento cómo me duele el espacio entre mi pecho y tu recuerdo. Porque hay dudas que me dejaste sembradas.

Tengo demasiadas cicatrices en el cuerpo, marcas del sufrimiento que escondo, decidida a no enseñarte que dueles... para que te quedes.

¿Cómo se controla el miedo?

Me grita con su mano enredada en mi cabello. Me revuelve el estómago y vomito hasta dejarme el alma.
El miedo controla mis manos como un títere que goza ser mangoneado por la ignorancia de no sanar.
Deseo que pare esta ansiedad.

¿Qué te costaba volver con un simple plan?

Me acurruco entre brazos que se abren para recibirme. Me vuelvo pequeña, frágil, vulnerable. El aroma de su cuerpo se impregna en mí, y está bien. Lo necesito así para vivir.

Ese perfume huele distinto en su piel...

Mi amor, te necesito bien.
¿Por qué la urgencia de arreglarte no te persigue al dormir?
Tu falta de impulso me contamina el alma.

Quiero volver a sentir paz.

Tú pusiste el límite, amor de mi vida.
Te estaré esperando hasta que se me acidifique el corazón y ya no pueda más.
Por favor, hazlo pronto.
No quiero apagarme viva y consumida en este vacío imposible de respirar.

Quiero tu amor de verdad...




jueves, 26 de junio de 2025

Mejor ya no.

Cuántos sentimientos me han abordado estos últimos días…
Cuánto miedo que no puedo hablar contigo me consume.
Cuántas dudas, y cuánto de mí se ha hundido.

Sé que es demasiado pronto para sacar conclusiones, que es demasiado rápido para saltar a un hecho que no está ocurriendo, pero cuando te fuiste —y mi alma contigo— me quedé en pausa.
En una pausa fría y dolorosa, casi como un eco congelado del amor que te tuve.

Sé que el cambio se avecina.
Sé que quieres intentarlo.
Pero la experiencia del pasado me invita a huir de un futuro que no conozco… y al que le temo, porque siento que podría ser el mismo.

Aunado a eso, mis fracasos personales se convierten en un remolino de inconmensurables consecuencias.
Ni siquiera me ahorro las lágrimas.
Quiero llorar libremente, porque es lo único que me queda ahora…

Te extraño desde el dolor, desde la angustia de extrañarte, pero también desde la añoranza, desde el deseo que siempre ha guardado mi corazón: que te deshagas de amor por mí. Y eso, eso es peligroso para mi fragilidad emocional.

Deseo contarte que sueño con tu deseo, sueño con que dejes de temerle al juicio externo y escapes por mí, porque un beso o un abrazo mío lo compensan todo para ti. Que nada importe más que tú y yo.

Deseo compartirte que anhelo que me extrañes… pero no ese extrañar tuyo, raro, revuelto, que me enciende el corazón pero no tiene respuesta; que me dice que hay algo, pero no me demuestra el qué.
No.
No ese "te extraño" que se queda en cuentos, en la pantalla y en la imaginación.
No ese extrañar que evade, que solo tú disfrutas a la distancia, a lo lejos.
Ese anhelo seco y frío que te protege del amor.

No.
Sueño con que me extrañes tanto, lo suficiente como para conducir treinta minutos y llevarme a caminar.
Esa clase de extrañar que se alivia con el calor del cuerpo, con el brillo de una risa compartida.
Que sana lo que la distancia ha roto.
Quiero que me extrañes con calor, con verdad, con profundidad.
Desde el amor que quema.

Estoy cansada de lo tibio de tu tacto, cuando mi alma es fuego que no se extingue.
¿Por qué te asusta la pasión de mi corazón?
No quiero volver a apagarme solo para que te quedes.
Quiero vibrar en mi elemento natural…

Quisiera que tuvieras menos miedo a amarme, más ganas de recuperarme, y más deseo de vivir lo nuestro.

Quizá pido demasiado, pero desde el dolor que tengo, ya no creo poder obtenerlo.

Mi esperanza murió, y el miedo me agobia.
Pero soy demasiado blanda… la naturaleza de mi alma es seguir siendo amable, incluso cuando me destruiste entera y tuve que aprender a reconstruirme sola.

A veces desearía tener el valor suficiente para ignorar tus intentos de quererme.
Porque aunque los amo, no se sienten suficientes.


A veces quisiera decirte que sé que me vas a volver a lastimar, pero quiero darte el beneficio de la duda.
A veces quisiera hacerte saber que quiero huir, esconderme donde no me encuentres, y no tener que quererte desde este profundo dolor.

Solo estoy aquí, siendo amable contigo desde el amor que te tengo.
Aliviando la necesidad de tu alma.
Dejándome llevar, sabiendo que quizá mañana, o en un mes, me vuelvas a abandonar…
Que te vuelvas a alejar de mí, priorizando tu necesidad.

¿Qué haré, mi amor?
Cómo deseo que todo esto sea un mal sueño,
y despertar en la plenitud que me otorgue la estabilidad de un amor correspondido, recíproco… y tuyo.

¡Ámame!

Pero dejame ir...




martes, 24 de junio de 2025

Mi amor

Las ilusiones revolotean desesperadas en la jaula que les construí.

Altean presas del pánico, creyendo que van a morir.

Las miro, quieta, sosteniendo el candado con las manos temblorosas.

La culpa se cierne sobre mí:

sobre mis hombros, mis piernas, mi vientre.

Me besa los labios en mis sueños…

como tú lo hacías; con total familiaridad.


El miedo me sabe amargo, pero lo trago igual.

Convivo con el pánico que recorre mi cuerpo,

que se instala en mi estómago, que atraviesa mi pecho.


¿Y si es mentira? —me pregunto.

¿Y si nada cambia?

Me respondo: para eso es la jaula,

para eso fui asesinando, una a una, mis ilusiones con alas.

Pero con tu amor se me multiplican.

Se me desbordan. No las controlo.

¿Qué hago?


Estoy atada a la fantasía de un amor correspondido,

añorando un placer que solo obtengo contigo,

rindiéndome a la idea de tu presencia

como mi único alivio.


Me contengo por miedo al final predicho.

Me niego a aceptar ese final como el único destino escrito.

Callada en medio del caos, escucho mi corazón latir.

Dice tu nombre, despacito…

recordando, lastimado, con temor.

Hoy me cuesta trabajo avanzar.

No quiero esperarte,

no quiero desear el alivio que me genera saberte pensándome.

Me tiraste tanto que al fin me rompí.

Pero mis pedazos… todavía te aman.

¿Cómo avanzo?


Te quiero.

Te añoro.

Quisiera detener este sentimiento que se me desboca.

El amor que tengo viene acompañado de dolor.

Tanto miedo me rompe, amor.


Dime “mi amor” un poquito más.

Si me lo repites lo suficiente,

si me amas lo suficiente…

quizá, mi vida…

quizá sí.


No espero que el amor duela más...



jueves, 19 de junio de 2025

Saudade

El corazón me duele.

Pesado, cansado, un dolor sordo que me agota la vida y me destroza los recuerdos.

Ya no me ahoga, no, ya no siento cómo me asesina despacito. No me arranca la vida ni me come el corazón, pero aún está: molesto, atascado entre mis pulmones. No me deja respirar.


Tu voz todavía hace que mis manos tiemblen. Todavía me provoca melancolía… y esa maldita esperanza. Pero tú te encargas, con práctica afinada, de abatirme el amor siempre. Siempre un poquito más.


Te extraño con amarga resignación. Quizá todavía te anhelo un poquito, pero poquito... No quiero desperdiciar latidos en un deseo que solo vuela entre mis orejas al dormir. Si ya no te alcanza a ti, supongo que no vale la pena revivirlo.


Te he ido dejando. Hoy en una maceta, luego en una flor, al rato en un sueño, después en una canción...

Pedazos de ti he repartido por el mundo, casi como una rutina de "dejares ir". Te dejo en las cosas bonitas para que el dolor de lo que me hiciste no sea tan feo y pueda mirar tu recuerdo lejos de los escombros de tu indiferencia.


Todavía me pesa el corazón en ese cachito que tiene tu nombre. No sé si algún día aprenderé a vivir sin ti… o contigo, masticándome ese ladito del pecho que aún te pertenece.

Pero... ¿qué hace uno con todos los sueños que no le dejaron cumplir?

¿A dónde vamos con todo el amor que se nos quedó en las manos?

¿Qué decimos sino las palabras bonitas que se nos atoran en la garganta?

¿A quién miro si no eres tú?


No entiendo cómo tu cobardía le ganó a mi amor.

¿No dicen que los villanos siempre pierden?

¿Por qué en mi historia el héroe perdió, humillante y triste? Ahora luzco como el villano de una historia donde solo quise amar. Ahora mi corazón paga una condena por un crimen que no cometió. Solo queríamos salvar a alguien… y terminamos siendo prisioneros de una cárcel emocional que nos tortura con recuerdos de lo que pudo ser.


Si pudiera, atravesaría la pantalla para mirarte a los ojos.

Me sentaría en tus piernas y me dejaría inundar por tu aroma, por tu calor.

Te rodearía con mis brazos y me aplastaría en tu piel, deseando fundirme en ti hasta desaparecer.

Te besaría los ojos, los labios, la nariz.

Te miraría a los ojos y te perdonaría todo, todo, con tanto amor...


Pero ahora entiendo: me quieres lejos. Y contra eso no puedo —ni quiero— luchar más.

Acepto con resignación tu decisión.

No voy a forzar más lo que tú no supiste sostener.

Porque sanar no es tu opción. Porque amarme no fue tu deseo. Porque yo no soy para ti. Porque tú ya no vives en mí.


Y qué dolor, qué dolor verme tan triste de ti… cuando lo único que quería era amarte.

Eres como dos personas: la que me desechó tan fácil y la que me juraba amor eterno.

A veces siento que ninguna existió de verdad.

Mi sueño... tal vez en otro universo.






martes, 17 de junio de 2025

Jardines

Tengo derecho a decir tu nombre,

incluso si el aire o tu alma se rompen,

o se incendian al pronunciarlo.


Fuiste animal.

Fuiste sombra.

Cansado suspiro

que agobiado me llama.


Mentías con la boca

que usabas para dormirme.


Contabas mis costillas

con la punta de tus dedos

mientras abrías otras puertas

con la lengua sucia de otros nombres.


Una niña,

recién nacida a la muerte de sus dieciocho.

Tu saliva en su infancia.

Mi cuerpo roto mirando el techo

en el que nos tocaste a ambas,

como si pudiera salvarme.

Como si pudiera olvidarlo.


Fueron dos más...

Como quien colecciona cenizas

de lo que nunca fue suyo.


Me dejaste

como se deja a un perro en la carretera,

con los huesos expuestos al sol y al frío.


Me dijiste:

te quiero para un rato,

después de ocho años de ser casa,

de ser nido,

de ser tumba.


No mentí.

Solo cargué el cadáver de nuestra historia

hasta el borde de mi lengua,

hasta el papel y el lápiz,

hasta donde sus ojos lo alcancen a ver.


Si quedas mal,

es porque el espejo no te perdona.

Ni tu conciencia se silencia

con los gritos de tu ego.

Grita, amor mío.

Suplica toda la noche:

la verdad no le teme a tu cobarde violencia.


Te refugias en el circo:

un teatro lleno de cómplices sin rostro.


Les contaste tu fábula,

cerrando la puerta con llave

para que nadie escuchara

el grito verdadero.


Me dejaste.

Yo seguí.

Caminé por el sendero que yo misma construí.

¿Querías que rezara tu nombre

como un dios de papel?


Eres humo.

Eres falsa promesa.

Un hueco con voz.


¿Qué esperabas?


Esto es tu herencia:

un trozo de vidrio clavado en mi garganta.


Traga si puedes.

El veneno de tus labios

ya no sabe a miel.


Aquí está:

tu retrato hecho con la basura

y la traición

que arrojaste sobre mi cuerpo herido.


Y aun así,

el silencio me queda mejor que tu mentira.


Cometí un dulce homicidio,

y ahora mis esperanzas se pudren

en un jardín de tristezas.

Una por una les sembré flores de decepción,

para no olvidar nunca

que tu amor fue apenas un susurro

para sostener tus mentiras.

Mi silencio fue de utilidad,

pero mi deseo de respeto

fue castigado

por atreverme a querer amor de verdad.




jueves, 12 de junio de 2025

2017

He creado una máquina del tiempo.

Solo tiene un sentido y reglas específicas. Pero la hice. La hice para ti.

Si decides usarla, ten en cuenta esto:

Reglas de uso:

  1. Solo viaja al pasado, no al futuro.

  2. Solo puedes viajar a septiembre de 2017.

  3. Conservarás todos los recuerdos de tu vida hasta hoy.

  4. No puedes decirle a nadie que volviste.
    (Si lo haces… en realidad nada pasará, pero te llamarán loco).

  5. Volverás a tu versión joven: a ese tú de 8 años atrás.

  6. Solo tú viajas. Nadie más.

  7. No puedes traer nada del presente, excepto tu conciencia culpable.

Volverías 8 años al pasado. Rejuvenecerías. Te transformarías en esa versión tuya, joven y linda, de la que alguna vez me enamoré.

Recuerda: solo tú vas a volver. Tú quieres volver. Yo no. Porque, sabiendo cómo termina todo… no te elegiría otra vez.

Pero tú puedes decidir si intentarlo conmigo. Puedes conquistar a mi yo joven, esa inocente que confió en tu amor. a esa niña que no sabía la clase de persona en la que te convertirías ni todo el dolor que me causarías... Puedes decidir si amarme desde el inicio o dejarme tranquila.

El dolor con el que cargo me hace imaginar que, en realidad, no lo harías. Ni siquiera en ese universo. Me verías de lejos ser feliz sin ti, y estaría bien. Pero si te acercaras a mí… ¿harías las cosas bien?

Supongo que no podré saberlo jamás.

Mientras tanto, yo me quedo aquí. En este mundo destruido, con el corazón hecho pedazos y el alma herida. Olvidándome de ti poco a poco, liberándome de este amor. Porque al menos tengo la certeza de que yo sí aprendí algo: la gente no cambia.

Para mí el tiempo no vuelve, ni se detiene. Avanza. Siempre avanza. Y aunque no haya una máquina del tiempo para mí, sé que en este presente aún puedo tomar decisiones.

Pero, hey… construí tu máquina del tiempo. Puedes vivir entre los recuerdos de lo que destruiste sin piedad.

Yo repararé la vida que se me hizo pedazos, esta vez menos frágil, pero más feliz.

Buen viaje al pasado, mi amor.

Que los recuerdos felices sean tu única compañía.

Que sean la lección de todo lo que no pudiste, ni quisiste, reparar en este presente.

Te amo en el pasado...




Resaca

En el profundo abismo de tu desinterés puedo sentir el frío del desprecio.
El dolor del abandono.
Incluso la ausencia se clava en mi piel como dagas finas, dejando heridas que no se ven, pero sangran.

Puedo navegar en este mar cruel de emociones, entre tormentas de silencios y el miedo constante a olvidarte.
Puedo vivir contigo como un fantasma en mis sueños.
Puedo resignarme a la idea de que todo se terminó, aunque yo te quería para siempre.
Puedo respirar la agonía de morir un poco todos los días con la única ilusión de vivir uno más a tu lado.

Saldré de esta tormenta.

Pero lo único que no entiendo es tu odio.
¿Tanto daño te hice?
¿Qué hice para merecer tus burlas, tu rabia y ese veneno que ahora me lanzas?
Mi amor… ¿De verdad necesitabas romperme y luego reírte de los pedazos?

La decepción se transforma en aborrecimiento.
Tengo un nudo en la garganta, pero ya no duele: arde.
Y lo único que encuentro en tus ojos es el reflejo de todo lo que detesto.

¿Cómo puedo dejar de sentirme así?
Sanar todos los días se siente inútil, como una lucha perdida desde que fuiste tú quien me dejó.
¿Cómo cuidar mi corazón y recordarte con cariño, si tú mismo apuñalas las heridas que te mostré?

Entiendo que hayas dejado de amarme.
Puedo lidiar con eso.
Pero no puedo entender qué te hice para que me odiaras tanto.

Te dejé ir…
¿Por qué me detestas?

No sé si algún día tendré esa respuesta.
Quizá nunca.
Quizá siempre me quede flotando esta duda como un puñal sin filo.

Pero lo que sí sé es que ahora… lo único que siento por ti es desprecio.
El dolor y la rabia se mezclan como una danza cruel que me obliga a mirarte sabiendo lo miserable que puedes llegar a ser.

¿Por qué haces que me avergüence de haberte amado hasta la locura?
¿Por qué mis llantos, mis súplicas, mi agonía… son tu diversión?

No quiero respuestas.
No quiero nada tuyo.

Quiero olvido.
Quiero silencio.
Quiero no reconocerte si alguna vez te cruzo por la vida.

Porque amarte fue mi error.
El juego del desprecio me lo enseñaste tú.
Lástima que mi corazón nunca aprendió a burlarse del dolor de quien alguna vez amó.
No soy tan despreciable.



lunes, 9 de junio de 2025

No fui yo

 Extrañarte me pesa casi tanto como tenerte.

Me siento vacía, pero con un propósito. Y aunque hoy no lo entienda, mi corazón avanza.

Estoy dejando de respirar el mismo aire que tú; los perfumes habituales de mi hogar ya no están contigo.

¿A qué huele tu nuevo hogar?


Me siento vacía, inexplicablemente sola y atormentadamente triste.

Mi alma todavía grita tu nombre, todavía suplica tu regreso. Sin embargo, la resignación se acerca cada día un poco más.


¿Tú me extrañas?

Supongo que no...

Me reemplazaste tan fácil, seguiste con tu vida como si nada.

Yo me quedé sin nada.


Los días siguen su curso y yo sigo estancada. Se acercan las fechas que me rompen por dentro, sabiendo que a ti ya no te importan. Y aunque no quiera, sé que seguiré esperándote, como si mi vida valiera menos si no la comparto contigo.


Yo no pude soltarte, no quería hacerlo.

Ahora cargo con el eco de tu nombre en el pecho vacío.

Y aun así camino.

Con las manos vacías, con el corazón roto, con el alma hecha cenizas.

Camino, no porque quiera…

sino porque después de perderlo todo, lo único que queda es avanzar.



jueves, 5 de junio de 2025

Lobotomia emocional

Estoy recostada en la camilla de hierro frío. Mi cuerpo tiembla, pero no sé identificar de dónde viene la ansiedad: ¿quizá del dolor de tu partida?, ¿tal vez del miedo?, ¿o de lo helado de esta habitación?

Solía ser nuestra, ¿recuerdas? Pintada de azul, con tu ropa en el piso y tu aroma en las paredes. Ahora luce pálida, blanca, estéril. Sin la cama en la que dormíamos, sin el espejo donde nos veíamos reflejados, sin el amor haciendo eco... Solo esta plancha de hierro y una luz fuerte que quema.

Entra el hombre vestido de blanco, mirando al piso, desganado, con los brazos colgando, como si le pesara más a él que a mí lo que está a punto de suceder.

La enfermera despliega las herramientas. Solo son un par. Lucen limpias, aunque tal vez sea solo el reflejo de este blanco puro que nos baña con su inherente tristeza. Respiro despacito, con la voz entrecortada. Mis labios tiemblan, incluso están un poco morados. Aprieto entre mis manos la carta que me diste, la única carta que en ocho años me escribiste. El papel frágil se deshace entre mis dedos húmedos y temblorosos.

—Vamos a empezar —dice el “médico”, con una voz gélida, lenta, casi tenebrosa.

Todos sabemos lo que está a punto de pasar...

Toma el orbitoclasto de la mesa. Siento unas náuseas repentinas que se vuelven temblores incontrolables. Entonces todo en mi cabeza se vuelve confuso. Tantos recuerdos de ti: tu carita mirándome, tu sonrisa, tus lunares, tu voz diciendo “te amo”, tu risa, tu calor... El miedo me invade como una marea directa al corazón. Mis lágrimas se derraman incontrolables. Siento el corazón latiéndome en la garganta y en las orejas. Necesito escapar. No quiero olvidarte.

Pero me detienen. Todas ellas. Me ciñen a la mesa casi sin esfuerzo, mientras yo lucho por nuestra vida, por nuestros recuerdos. Me agito violentamente. Me desgarro la garganta gritando tu nombre, deseando que me rescates, que vuelvas, que no permitas que me borren la memoria ni el amor.

El doctor se acerca. Por fin veo sus ojos, y en ellos un dolor indescriptible que me quita la fuerza. Dejo de luchar.

—Mi niña —me dice tomándome del rostro—. ¿Qué no ves que él ya está con ella?

Me seca las lágrimas que aún ruedan por mis mejillas.

—Él la escogió a ella, no a ti. ¿No te das cuenta? Apenas te dejó, y mientras tú suplicabas por él, él se acercaba a ella de todas las maneras posibles. La seguía en todos lados, la buscaba en cada rincón. ¿Qué otra prueba necesitas?

Termina su discurso con un eco que me rompe el corazón un poco más.

—Pero él me escribió, me dijo… —quise responder, pero me interrumpe con prontitud.

—¿Y le crees? —me dice, humedeciendo su cubrebocas con las lágrimas que ahora él llora por mí.

—Quiero creerle —le respondo, al fin, mientras un nuevo torrente de lágrimas se avecina sin piedad.

Entonces lloro. Lloro y grito mientras siento sus dedos helados levantándome el párpado. Grito tu nombre sabiendo que pronto lo olvidaré. Me aferro a los últimos minutos de ti que me quedan en el alma. Nuestro apodo se queda flotando en el aire mientras lloro por ti, mi amor...

La punta del orbitoclasto penetra en la cuenca de mi ojo.

Duele más olvidarme de ti.

Toma el martillo y siento el primer golpe. Grito de dolor. Grito por ti. Grito, solo grito para tener menos miedo.

Siento el segundo golpe. Mi amor se desvanece. Tus ojitos están en mi memoria. Duele demasiado...

Viene el tercer golpe…

Para. Por favor.

Golpea. Algo cruje. Un último grito. Un último golpe...

y…

Abro los ojos. La luz me ciega. Hay algo mojado en mis manos. Una hoja… una letra…

¿Quién podría ser tan importante como para doler tanto?



Traidor.

Por supuesto que eres libre...

Jamás se trató de cortar tu capacidad de elegir; solo se trataba de respeto, pero es claro que ahí estaba el problema.


Eres libre de estar con alguien más  

desde el mismo segundo en que me soltaste...  

Claro que sí, incluso sin irte lo eras.


Yo también, pero yo no lo hice.  

No busqué brazos nuevos,  

No busqué otras manos. Ni otros ojos qué me miraran, ni otros labios qué besar, ni otro aliento que respirar...


Yo me quedé en casa, tratando de digerir el golpe, masticando el dolor.  


Me dolía,  

no podía tragar ni el aire sin que me quemara,  

tocaba el dolor con los dedos para no olvidarme de ti,  

mientras tú ya tenías otra piel.  


Así de rápido fue para ti,  

tan sencillo, tan deprimente.


Por supuesto que eres libre, siempre lo fuiste, conmigo o sin mí, de todas maneras elegías mirar a otras. Siempre fuiste libre, pero me duele...

Porque mientras yo estaba en casa,  

aprendiendo a convivir con la tristeza como un nudo en toda mi alma... A oscuras, en constante inanición; tú ya habías encontrado otro cuerpo...  


Y sí, lo peor de todo es que ni siquiera tengo derecho a decir algo, la verdad es que tampoco me interesa...

Solo duele

Porque tú no necesitaste ser "algo" en mi vida para que yo te respetara.  

Para que yo me guardara para ti,  

para que te diera ese tiempo que, en realidad, nadie me pidió,  

solo porque así lo sentía,  

porque te quería.  

Te quería tanto...


Me duele, porque mientras yo me quedaba en el vacío,  

midiendo los pedazos de mí que quedaron tirados,  

tú ya habías empezado otra historia.



lunes, 2 de junio de 2025

Una historia de amor sin raíces.

—¿Conoces las orquídeas? —me dijo ella con su voz serena mientras yo sollozaba con la cara entre las manos, no respondí, pero Agustina continuó su relato sin esperar mi respuesta.

Ella era como una orquídea; hermosa, brillante, de preciosos colores, y tú como un árbol fuerte, de firmes raíces y frondosas ramas que proveen.
Las semillas de las orquídeas son tan pequeñas, tan minúsculas que son incapaces de germinar por sí solas, pero encontró tierra fértil entre tus raíces y se acomodó a tu lado, ella solo necesitaba de ti.

—Y se lo di —le dije con voz ronca, interrumpiendo su historia—. Todo le di… —suspiré, y el aire se me contrajo en el pecho, como si un sollozo se me hubiera quedado dormido entre las costillas, mientras me limpiaba la cara de lágrimas.

—Desde el amor —continuó Agustina mientras me acariciaba el pelo—. La naturaleza de las orquídeas es frágil, casi como un milagro de la naturaleza, y desde esa fragilidad ella se sostuvo entre tus ramas y se permitió crecer en la seguridad que le brindaste, floreció gracias a tu luz, a tu agua, a tu fortaleza, floreció gracias a ti, pero mi amor, las orquídeas no tienen raíces profundas, con su delicado y frágil amor se sostuvo de ti, tomando todo lo que pudiese de ti y del exterior que le mantuviese con vida; totalmente indiferente al origen de su apoyo; tú...

—¿Y por qué yo, Augus? —le pregunté más por confirmar la respuesta que por mi incapacidad de entender lo que trataba de decir, pero ella no respondió, solo continuó.

Necesitan algo que les proporcione nutrientes en sus primeras etapas de vida. Se benefician del otro sin dar nada a cambio al inicio. Su florecimiento depende de algo que luego abandonan. Sobreviven desde su lugar, sin llevar sus raíces más allá de las tuyas, existen en su amor cubriéndose de ti, haciendo como que estaba ahí, pero solo fingiendo, solo acompañando. Y aunque florecen de forma espectacular, su belleza puede durar poco… o florecer solo en condiciones ideales. A veces parece que dan algo, pero en el fondo no dura para siempre.

—Quisiera ser una orquídea —dije perezoso mientras pasaba un pañuelo por mis ojos hinchados.

—¿Es esa tu naturaleza? —dijo Agustina sosteniéndome el rostro enrojecido, yo solo sonreí...

Me acosté a dormir bajo la tenue luz de mi lámpara de noche,
mi hermosa orquídea ahora se alimenta de otra raíz,
ahora vive bajo la sombra de otro árbol
y crecerá bajo sus cuidados,
tan espectacular,
tan bonita desde el amor que le entregué,
pero sin raíces firmes que crecieran a mi lado,
sin florecer todo el tiempo en mi compañía,
sin amor de verdad...
Qué dolor ha dejado la falta de color que me trajo tu ausencia,
mi bella, pero no tan amada flor.




Noches prestadas

 Que otra vez, porque otra vez… Otra vez. Soñando despierta con lo que anhelo, congelándome la piel con lo que es. Explorando las risas que ...