sábado, 31 de mayo de 2025

Amado mío...

Lunes, 6 de mayo del año 2025

(Todavía.)


PRESENTE


Me dirijo a usted con estas humildes y respetuosas líneas para vomitar —sí, con dolor y sin ornamento alguno— el peso insoportable que, por su causa, mi corazón ha debido soportar.


Me veo, pues, en la penosa y amarga obligación de despedirme. De arrancarlo de mi pecho, de expulsarlo de mi mente y, si me es posible, del alma entera.

Lamentablemente, su presencia, aun ausente, continúa causando estragos que ya no deseo —ni puedo— tolerar.


Su recuerdo me asedia en las noches más oscuras, aquellas donde el insomnio se convierte en juez cruel, y el dolor de su ausencia me devuelve a la pesadilla de antiguos recuerdos felices, los cuales se tornan en imágenes rotas de lo que ya no será jamás.


¿Acaso es feliz con ella?

Le suplico que no me lo diga. No sabría soportar la confirmación de lo que, en el fondo, mi intuición ya me susurra.

No me compare, se lo ruego. El mundo no necesita otra mujer insegura por su causa… además de mí, claro está.


¿Cómo hizo usted para desalojarme de su vida con tal prontitud? ¿Qué historia se cuenta, señor mío, para poder sobrellevar tan livianamente lo que a mí me desangra?

¿Le ha contado al mundo alguna versión conveniente? ¿Se ha contado a sí mismo que jamás fui más que un pasatiempo prolongado por descuido?

¿Fui, al menos, un accidente feliz?


Me deshago de dolor cada día, mi amado hombre. Le extraño con cada fibra que me compone, aunque sé bien que esta carta jamás llegará a sus manos, ni rozará su indiferencia.


Lloro en silencio, me escondo de la vida mientras la angustia me consume. Pero no se inquiete, mi amor: no entraré en detalles. Usted ha decidido olvidarme. Y yo, por mi parte, he decidido llorarle hasta que ya no sienta nada.


Le deseo, con el último suspiro de amor que me queda, una vida hermosa.


Suya (o quizá ya no tanto),

Cervantes.



martes, 27 de mayo de 2025

Welcome to Pair-o-Dice

 ¿Mi amor?

Tiras los dados… apuestas mis lágrimas.


Par. Tú ganas, como siempre… tú siempre ganas.

Y vuelves, pero no del todo. Un pedacito de ti se cuela entre los agujeros que dejaste en mi pecho.


No tiraste a matar, así que me desangro.


Par. Otra vez ganas.

Y te dejas ver, apareces como si no hubieras sido tú quien decidió irse.


Mi amor, si fuiste tú quien dijo que estaba cansado, que ya no me quería más, que no quería seguir a mi lado… entonces, ¿por qué sigues volviendo a mí?


Par. Ganaste… sigues ganando.

Y te miro, y lloro, porque lo sé: estás intentando salir con ella, ¿cierto?

Solo juegas conmigo.

Solo quieres que vea que tú sí seguiste adelante, que me has olvidado, que tú sí eres feliz sin mí.


Vuelves a tirar...


Par. Ya me estoy acostumbrando.

Esta vez solo estoy quieta, mirándote, sintiendo cómo unges los dedos en mis heridas por diversión.

Arde tanto en mi interior.


Vuelves a tirar...


Par. Tienes todo el control del juego.

Y lo sabes mientras arrancas los vendajes de mi alma, esos que tanto me han costado construir.

Sin piedad, de un tirón.

No entiendo nada, amor mío. Dijiste que me querías… ¿por qué te sigo amando?


Vuelves a tirar...


Par. Quizá estás haciendo trampa.

Ya no me hablas, ya no escucho tu voz.

Ya no estás. Solo te alejas de mí.

Parece que disfrutas esta tortura intermitente, interminable.


Ya no aguanto más.


Caen los dados otra vez...


¿Qué salió ahora?

Impar...

Quizá esta vez tiré yo.




domingo, 25 de mayo de 2025

Descolorido

Lo único que me hacía falta era arrancarme el corazón…
Y lo hice; sin pensarlo, sin medir las consecuencias, sin dudarlo.
Arranqué mi corazón del pecho que habitaba, donde latía vivo por ti; lo sostuve entre mis manos, tembloroso, goteando amor, y mirándolo morir… te lo entregué.

Me dejaste sangrando, con un hueco en el pecho imposible de llenar, sintiendo cómo se me enfriaba el cuerpo en tu ausencia, cómo se me agotaba la vida con tu cruel indiferencia.

Agotada; con las últimas fuerzas que tenía, te supliqué una última vez —pero sin voz. Mi amor te lloró en silencio.
Mi corazón murió abandonado.
Y con los ojos tristes miré cómo el tiempo te alejaba, cómo reemplazabas el arte y el fuego de mi alma… por algo vacío, superficial, un reflejo pálido y sin alma.
Algo que no dolía, que no ardía, que no brillaba.
Algo fácil...

Y ahí comprendí que no me faltaba amor —me faltabas tú... capaz de sostenerme cuando ya no pudiera.
Pero tú solo querías lo liviano.
Lo que no exige
Lo que no llora
lo que no siente demasiado.

Me quedé aquí; entre colores que ya no significan nada, con el hueco aún latiendo, una herida abierta...
Te sigo amando, pero ya en pasado, porque no me queda presente donde encontrarte.
Solo me queda esta sombra de mí… y un corazón que ya no está.



miércoles, 21 de mayo de 2025

Un hombre roto

 Un hombre roto te castigará por amarlo.

No porque tu amor estuviera equivocado, sino porque expuso todo de lo que estaba huyendo.


Tu suavidad provocó sus heridas enterradas.

Tu paciencia le hizo sentir indigno.

Tu luz se volvió demasiado brillante para alguien que nunca aprendió a recibir calor sin sospechas.


Él te alejará y luego resentirá contigo por irte. Confundirá caos con química y silencio por seguridad. Y cada vez que intentes verter en él, él te hará sentir que estás haciendo demasiado, pidiendo demasiado, siendo demasiado.

No porque lo seas, sino porque él no sabe cómo ser suficiente.


Te encontrarás encogido, dudando, excesivamente, esperando que el amor pueda arreglar lo que el trauma construyó.

Pero el amor no cura a alguien que no ha elegido la curación.


El amor no salva a alguien que se ha comprometido a sabotear todo lo bueno.

Un hombre roto llamará a tus límites una falta de respeto. Tu honestidad, un ataque. Tu cuidado, control. Y todo el tiempo, te estarás ahogando en la confusión, tratando de decodificar un comportamiento que nunca fue tu responsabilidad arreglar.




lunes, 19 de mayo de 2025

Ludopata emocional

Apostando mi paz por migajas de atención.


Porque el vacío que dejó tu ausencia se parece demasiado a la paz.

Porque me aterraba la calma que venía después de ti...


No sabía vivir sin sufrir por ti.

No sabía existir sin suplicar tu amor.

No sabía respirar sin anhelar un cambio.


Atada al deseo de tu amor,

pagaba docenas de lágrimas por un solo minuto de fingida ternura.


Tú no eres un vicio inofensivo.

Eras mi veneno emocional,

y contigo…

siempre estuve destinada a perder.




sábado, 17 de mayo de 2025

Lástima; con acento.

Eres un hombre de hábitos, no de sueños.

Y qué triste es descubrir que, con tu irrisoria arrogancia —rasgo clásico de una inmadurez crónica—, me presumiste tu patético "logro" como si fuera un trofeo.

Tres veces, dijiste mirándome a los ojos.
Tres veces, remataste, con la desfachatez de quien compite en una carrera de pervertidos.
"Me sorprende no haberlo hecho más", agregaste… como si eso dijera algo bueno de ti.

Y entre toda la desgracia que representas, me pregunto:
¿Y si tuvieras un anhelo?

Si amaras la fotografía, ya habrías salido con tu cámara a capturar el mundo.
“Tres fotos”, me dirías. “Ojalá hubiera salido por más.”
Y entonces, dolería.

Si te apasionara la lectura, “Tres libros”, me dirías. “Me sorprende no haber comprado más.”
Y entonces, lo envidiaría.

Si te gustara cocinar: “Tres platos”, me dirías. “Me sorprende no haber inventado más.”
Y entonces, sentiría celos.

Pero no.

Presumes al mundo lo único que sabes hacer con disciplina: algo banal, triste, primitivo.
Vuelves, una y otra vez, a lo único que tu mente adormecida es capaz de sostener:
ver mujeres teniendo sexo.

No tienes un sueño por el que trabajar.
No tienes una pasión que te haga vibrar.
No tienes un anhelo que te impulse a crecer.

Qué patético.

Verte correr hacia tus viejos hábitos, en lugar de construir nuevos sueños, me enseñó algo doloroso:
Las virtudes que yo vi en ti, solo existían en mi ilusión.
Yo te imaginé...

Sí… te destruí.
Lo hice para desafiarte a convertirte en una versión de ti que, simplemente, no das el ancho para ser.

Porque es más fácil ver cómo una mujer se masturba en Internet, que aceptar que no tienes una identidad propia.

Tu realidad es más triste de lo que yo quise admitir.
Y con los lentes del amor puestos, me convencí de que podía confiar en tu proceso…
De que algún día madurarías.

Y dejé de llorar por ti cuando entendí que, mientras yo crezco y persigo sueños con el corazón sanando, tú te escondes en el baño de la casa de tus padres, en un cuarto que no es tuyo; ahogando tu miserable hombría ficticia entre videos ajenos y tus propias sobras.
Como un niño sin brújula... jugando a sentirse hombre.
Cuando lo único que sabes domar es tu propia vergüenza...



miércoles, 14 de mayo de 2025

Humillación

 Porque sé lo que has hecho.

Y si no lo sé, lo adivino. Y si no es verdad, lo imagino.
Pero ese es el problema: que el miedo, el dolor y la angustia en mi corazón no desaparecen.
Y con tu ausencia, las dudas brillan en mi pecho como señales, como ecos de una realidad que elegí ignorar... porque era más fácil amarte y fingir que quizá tú también lo harías.

Las ganas de ti se me consumen, como ese cigarro que encendí de forma tóxica y autodestructiva,
pero no he tocado ni una sola vez.

El deseo de volverte a ver prevalece en mi memoria, pero se contamina con dolor y un poquito de resentimiento. Porque, ¿cómo pudiste?
¿Cómo te deshiciste de tantos años de nosotros de la noche a la mañana?
Fueron cuestión de horas para que los años de despertar juntos se transformaran en un silencio vacío, agotador y cruel.

Para ti fue tan fácil ignorar mi existencia. Hacer como que había muerto. Como si nunca me hubieras conocido.
Un fantasma en medio de la nada, que te amó como nadie en este mundo lo hará jamás.

Porque sé lo que has hecho,
o lo adivino,
o lo imagino,
o lo invento…
pero me pesa,
me duele,
y me alejo —sin ganas—
de un lugar que jamás fue mío.

Qué desastre, ¿cierto?
Y qué fácil llamarlo “compartido”.
Pero la verdad, mi amor, es que este desastre es completamente tuyo.
Lo engendraste desde tu herida, lo mantuviste en tus entrañas, consumiendo tu carne, tus huesos, como gusanos que devoran la estabilidad mental.

Permitiste que tu incapacidad de afrontar tus propios traumas arruinara algo hermoso, algo que yo cultivé para ti con esmero y amor.

Pero este desastre es tuyo.
Enteramente tuyo.
Sin pausas ni matices.
Sin colores ni filtros.
Tú ocasionaste todo esto, y es justo que cargues con la culpa,
o la responsabilidad,
o el dolor de un amor que destrozaste,
de un corazón que heriste,
de una vida que saboteaste.

En el fondo…
lo lamento tanto por ti,
pero aún más por mí.

Porque, a pesar de todo,
te sigo amando.
Te sigo amando con este corazón destrozado,
con miedo, soledad, vergüenza y dolor.
Te sigo amando con sinceridad
y con resignación.

Qué humillante se siente
haberme enamorado de ti.



Agustina vive en un campo de flores

 A las 10 de la mañana, ella lloraba.

Y a las 11.

Y a las 3 de la tarde, y a las 5, y a las 6.

Y luego, hasta las 8 de la noche.

Y lloraba, y lloraba, hasta las 3 de la mañana, hasta que se quedaba dormida.


Entonces volvía a abrir los ojos a las 5 de la mañana para volver a llorar… una hora o dos, quizá.

Lloraba hasta volver a dormir y poder soñar que seguía llorando.


Ella guardaba su corazón (o lo que le quedaba) en una tacita, y se la ponía en el pecho para sentir que ahí había algo —lo que fuera— cualquier cosa, menos ese vacío doloroso que le ponía fría la nariz y las puntas de los dedos.


Ella tenía el mal hábito de amar.

Amaba los recuerdos: los buenos y los malos.

Amaba las posibilidades: las que sí y las que no.

Amaba los secretos, las flores, las noches, el aroma de la lluvia y su vida con él…

Y eso era lo que más dolía:

Ella tenía el mal hábito de amar lo que no podía amarla de vuelta.

Y su alma sufría…


Hasta que un día, mamá la tomó entre sus brazos, le dio un beso en la frente y le dijo:

—Ya va a pasar.

Y con su magia, la bautizó con el nombre de Agustina.


En ese momento, “ella” dejó de ser ella para transformarse en Agustina.


—Agustina no sufre —dijo mamá, mientras le acariciaba el pelo—.

Agustina vive en un campo de flores y tiene muchos árboles.

Agustina toma un mango de su árbol de mangos y va debajo de su aguacate a comerse su mango.

Luego va por una naranja, y se la come debajo de su árbol de limón.


Agustina no llora porque ella no está triste.

A ella no le rompieron el corazón.

Agustina tomó todo su amor y se fue a vivir al campo, donde es feliz, porque ella sabe que eso es lo que merece.

Agustina está contenta, y sonríe, y come…


Entonces, “ella”, ahora Agustina, va a vivir al campo cada vez que los recuerdos de su hogar le pesan.

Cada vez que él se cuela en su memoria y, muy por debajo de su piel, le deja besitos que duelen…

Y también las marcas de un amor que él desechó como si fuese nada, en cuestión de horas.


Ella se transforma en Agustina cada vez que él aparece, bailando como un fantasma por los pasillos, la cama, las habitaciones y cada rinconcito que ambos compartieron…


Ella se convierte en Agustina cuando llega a su memoria la realización de que tantos años de amor fueron olvidados de un día a otro.

Que ella fue desechada como basura, ignorada, rechazada, despreciada…

Simplemente olvidada, como si jamás hubiese existido.


Pero Agustina vive en el campo.

En una casa que él no conoce.

Detrás de unos árboles que él jamás ha visto.

Bajo un cielo que no ha compartido con él.


Agustina no llora, porque ella no tiene el corazón roto.

Agustina tiene una florecita morada plantada en la tacita que, cuando deja de ser Agustina, se pone en donde tenía el corazón…



miércoles, 7 de mayo de 2025

Dolor

 Te amo, pero ya no para siempre...

Amor mío que dolor tan grande me causas, me duele la garganta de tanto gritarte en silencio, me duele la cabeza después de 46 horas, 54 minutos y 37 segundos depurando con agüita salada nuestros recuerdos más felices...

Me duele el alma después de suplicar tus brazos para descansar de este interminable llanto, me duele el corazón que añora tus besos, tu calor, tu amor.


Me veo obligada a resistir bajo esta incesante agonía tu ausencia...

He dejado de hablar, pues mi voz busca tu oído ¿a quién le contaré mis cosas si no es a ti? Hablar perdió el sentido.

He forzado a mis manos para dejar de recorrer la sombra de tu figura en tus lugares habituales, mis ojos aún te buscan, aunque sé que no vas a estar, aún miro en esa habitación que yace fría y sola como mi corazón.

Con suerte y por obra de algún milagro quizá en algún momento sí estés, como siempre; trabajando en tus cosas y tal vez me devuelvas la mirada con amor, igual y me sonríes y me dices "ven" mientras extiendes tus brazos para arropar mi cuerpo completo, quizá me des un beso o dos y tal vez te quedes y tal vez me ames...


Sueño con tu regreso y me desgasto y me desintegro, no hay pedacitos de mí, solo polvo, un montón de polvo qué agonizando repite tu nombre entre sollozos...


Y después de todo, ese ni siquiera es el dolor más grande.

Mi amor, estoy dejando de verte con amor, mi realidad es cada vez más clara. ¿Este es quien siempre fuiste? Esta persona cruel, desinteresada, indiferente y egoísta que estoy viendo ¿eres tú?

El peor de los sufrimientos es enfrentarme al desengaño, a desenmascarar una realidad que mi cerebro distorsionaba por amor...


Mi amor ¿que no puedes controlar lo que siento o lo que pienso de ti?

Que irónico... durante todos estos años; eso es justo lo que hiciste, controlar mi percepción de ti, haciéndome creer que tu amor era genuino, que tus palabras eran reales, qué tú eras mi persona...


Cuanto me pesa la vida.




Noches prestadas

 Que otra vez, porque otra vez… Otra vez. Soñando despierta con lo que anhelo, congelándome la piel con lo que es. Explorando las risas que ...