He caído en cuenta de que el mar nos ha arrastrado.
La sal me nubla los ojos y me enrojece las mejillas.
Pruebo el dolor de lo que no se dice,
de lo que no se entiende,
como gotas de rocío que me quitan la sed
y no me saben tan amargas.
La cabeza se me llena de peces diminutos
que me nadan detrás de la nariz.
Suben burbujas de decepción
que me rompen el alma.
Ahora odio esa palabra.
«Decepción»
¿Ha sido mi culpa
estar bajo el mar,
enterrada entre la arena,
sintiendo frío en los huesos?
¿Tan malo fue
ese amanecer
que nunca llega a mis dedos? Tiene la culpa.
Aunque mi corazón
siempre lleve su nombre, el vacio de la espera nos recuerda que ni eso es suficiente...
¿No fue suficiente?
Quizá debí demostrarlo de otra manera,
quizá debí actuar distinto,
quizá debí…
La marea me arrastra
y yo, sin voluntad,
me entrego al movimiento
de lo imparable,
de lo inconmensurable.
Si el tiempo existe,
quiero pedirle
que finja que no existo.
Así podría esperar eternamente
a que el mar se seque
y deje de hacerme arder el corazón.
¿De qué estuve hecha en tus sueños?
Quizá fui
la princesa de azúcar
que amarga lo que toca.
Tal vez
la reina de las sombras,
hecha de humo y ceniza.
O fui esa posibilidad en otra vida
que quizá sí,
que fue,
que pudo ser.
Fui la princesa cruel,
la más hermosa
de un reino
que hace mucho ya no existe,
pero que, de vez en cuando,
aún me llama.
Voy a sentarme aquí
a contar los pétalos
de esta flor marchita.
Pondré al sol mis pecados
para que se sequen
y escapen al viento
junto con mi razón.
La confusión me pesa en los párpados.
Duele más
de lo que quiero aceptar.
Mañana, cuando amanezca,
prometo estar ahí.
Seré el sol en tu ventana.
Seré el brillo y el calor.
Seré el aroma del café.
Seré el azul del cielo
y la brisa fresca del día.
Seré la primera gota de vida.
Si fuera el día completo…
¿te quedarías conmigo?

🖤✨
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