sábado, 17 de mayo de 2025

Lástima; con acento.

Eres un hombre de hábitos, no de sueños.

Y qué triste es descubrir que, con tu irrisoria arrogancia —rasgo clásico de una inmadurez crónica—, me presumiste tu patético "logro" como si fuera un trofeo.

Tres veces, dijiste mirándome a los ojos.
Tres veces, remataste, con la desfachatez de quien compite en una carrera de pervertidos.
"Me sorprende no haberlo hecho más", agregaste… como si eso dijera algo bueno de ti.

Y entre toda la desgracia que representas, me pregunto:
¿Y si tuvieras un anhelo?

Si amaras la fotografía, ya habrías salido con tu cámara a capturar el mundo.
“Tres fotos”, me dirías. “Ojalá hubiera salido por más.”
Y entonces, dolería.

Si te apasionara la lectura, “Tres libros”, me dirías. “Me sorprende no haber comprado más.”
Y entonces, lo envidiaría.

Si te gustara cocinar: “Tres platos”, me dirías. “Me sorprende no haber inventado más.”
Y entonces, sentiría celos.

Pero no.

Presumes al mundo lo único que sabes hacer con disciplina: algo banal, triste, primitivo.
Vuelves, una y otra vez, a lo único que tu mente adormecida es capaz de sostener:
ver mujeres teniendo sexo.

No tienes un sueño por el que trabajar.
No tienes una pasión que te haga vibrar.
No tienes un anhelo que te impulse a crecer.

Qué patético.

Verte correr hacia tus viejos hábitos, en lugar de construir nuevos sueños, me enseñó algo doloroso:
Las virtudes que yo vi en ti, solo existían en mi ilusión.
Yo te imaginé...

Sí… te destruí.
Lo hice para desafiarte a convertirte en una versión de ti que, simplemente, no das el ancho para ser.

Porque es más fácil ver cómo una mujer se masturba en Internet, que aceptar que no tienes una identidad propia.

Tu realidad es más triste de lo que yo quise admitir.
Y con los lentes del amor puestos, me convencí de que podía confiar en tu proceso…
De que algún día madurarías.

Y dejé de llorar por ti cuando entendí que, mientras yo crezco y persigo sueños con el corazón sanando, tú te escondes en el baño de la casa de tus padres, en un cuarto que no es tuyo; ahogando tu miserable hombría ficticia entre videos ajenos y tus propias sobras.
Como un niño sin brújula... jugando a sentirse hombre.
Cuando lo único que sabes domar es tu propia vergüenza...



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Noches prestadas

 Que otra vez, porque otra vez… Otra vez. Soñando despierta con lo que anhelo, congelándome la piel con lo que es. Explorando las risas que ...