martes, 17 de junio de 2025

Jardines

Tengo derecho a decir tu nombre,

incluso si el aire o tu alma se rompen,

o se incendian al pronunciarlo.


Fuiste animal.

Fuiste sombra.

Cansado suspiro

que agobiado me llama.


Mentías con la boca

que usabas para dormirme.


Contabas mis costillas

con la punta de tus dedos

mientras abrías otras puertas

con la lengua sucia de otros nombres.


Una niña,

recién nacida a la muerte de sus dieciocho.

Tu saliva en su infancia.

Mi cuerpo roto mirando el techo

en el que nos tocaste a ambas,

como si pudiera salvarme.

Como si pudiera olvidarlo.


Fueron dos más...

Como quien colecciona cenizas

de lo que nunca fue suyo.


Me dejaste

como se deja a un perro en la carretera,

con los huesos expuestos al sol y al frío.


Me dijiste:

te quiero para un rato,

después de ocho años de ser casa,

de ser nido,

de ser tumba.


No mentí.

Solo cargué el cadáver de nuestra historia

hasta el borde de mi lengua,

hasta el papel y el lápiz,

hasta donde sus ojos lo alcancen a ver.


Si quedas mal,

es porque el espejo no te perdona.

Ni tu conciencia se silencia

con los gritos de tu ego.

Grita, amor mío.

Suplica toda la noche:

la verdad no le teme a tu cobarde violencia.


Te refugias en el circo:

un teatro lleno de cómplices sin rostro.


Les contaste tu fábula,

cerrando la puerta con llave

para que nadie escuchara

el grito verdadero.


Me dejaste.

Yo seguí.

Caminé por el sendero que yo misma construí.

¿Querías que rezara tu nombre

como un dios de papel?


Eres humo.

Eres falsa promesa.

Un hueco con voz.


¿Qué esperabas?


Esto es tu herencia:

un trozo de vidrio clavado en mi garganta.


Traga si puedes.

El veneno de tus labios

ya no sabe a miel.


Aquí está:

tu retrato hecho con la basura

y la traición

que arrojaste sobre mi cuerpo herido.


Y aun así,

el silencio me queda mejor que tu mentira.


Cometí un dulce homicidio,

y ahora mis esperanzas se pudren

en un jardín de tristezas.

Una por una les sembré flores de decepción,

para no olvidar nunca

que tu amor fue apenas un susurro

para sostener tus mentiras.

Mi silencio fue de utilidad,

pero mi deseo de respeto

fue castigado

por atreverme a querer amor de verdad.




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