El corazón me duele.
Pesado, cansado, un dolor sordo que me agota la vida y me destroza los recuerdos.
Ya no me ahoga, no, ya no siento cómo me asesina despacito. No me arranca la vida ni me come el corazón, pero aún está: molesto, atascado entre mis pulmones. No me deja respirar.
Tu voz todavía hace que mis manos tiemblen. Todavía me provoca melancolía… y esa maldita esperanza. Pero tú te encargas, con práctica afinada, de abatirme el amor siempre. Siempre un poquito más.
Te extraño con amarga resignación. Quizá todavía te anhelo un poquito, pero poquito... No quiero desperdiciar latidos en un deseo que solo vuela entre mis orejas al dormir. Si ya no te alcanza a ti, supongo que no vale la pena revivirlo.
Te he ido dejando. Hoy en una maceta, luego en una flor, al rato en un sueño, después en una canción...
Pedazos de ti he repartido por el mundo, casi como una rutina de "dejares ir". Te dejo en las cosas bonitas para que el dolor de lo que me hiciste no sea tan feo y pueda mirar tu recuerdo lejos de los escombros de tu indiferencia.
Todavía me pesa el corazón en ese cachito que tiene tu nombre. No sé si algún día aprenderé a vivir sin ti… o contigo, masticándome ese ladito del pecho que aún te pertenece.
Pero... ¿qué hace uno con todos los sueños que no le dejaron cumplir?
¿A dónde vamos con todo el amor que se nos quedó en las manos?
¿Qué decimos sino las palabras bonitas que se nos atoran en la garganta?
¿A quién miro si no eres tú?
No entiendo cómo tu cobardía le ganó a mi amor.
¿No dicen que los villanos siempre pierden?
¿Por qué en mi historia el héroe perdió, humillante y triste? Ahora luzco como el villano de una historia donde solo quise amar. Ahora mi corazón paga una condena por un crimen que no cometió. Solo queríamos salvar a alguien… y terminamos siendo prisioneros de una cárcel emocional que nos tortura con recuerdos de lo que pudo ser.
Si pudiera, atravesaría la pantalla para mirarte a los ojos.
Me sentaría en tus piernas y me dejaría inundar por tu aroma, por tu calor.
Te rodearía con mis brazos y me aplastaría en tu piel, deseando fundirme en ti hasta desaparecer.
Te besaría los ojos, los labios, la nariz.
Te miraría a los ojos y te perdonaría todo, todo, con tanto amor...
Pero ahora entiendo: me quieres lejos. Y contra eso no puedo —ni quiero— luchar más.
Acepto con resignación tu decisión.
No voy a forzar más lo que tú no supiste sostener.
Porque sanar no es tu opción. Porque amarme no fue tu deseo. Porque yo no soy para ti. Porque tú ya no vives en mí.
Y qué dolor, qué dolor verme tan triste de ti… cuando lo único que quería era amarte.
Eres como dos personas: la que me desechó tan fácil y la que me juraba amor eterno.
A veces siento que ninguna existió de verdad.
Mi sueño... tal vez en otro universo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario