jueves, 26 de junio de 2025

Mejor ya no.

Cuántos sentimientos me han abordado estos últimos días…
Cuánto miedo que no puedo hablar contigo me consume.
Cuántas dudas, y cuánto de mí se ha hundido.

Sé que es demasiado pronto para sacar conclusiones, que es demasiado rápido para saltar a un hecho que no está ocurriendo, pero cuando te fuiste —y mi alma contigo— me quedé en pausa.
En una pausa fría y dolorosa, casi como un eco congelado del amor que te tuve.

Sé que el cambio se avecina.
Sé que quieres intentarlo.
Pero la experiencia del pasado me invita a huir de un futuro que no conozco… y al que le temo, porque siento que podría ser el mismo.

Aunado a eso, mis fracasos personales se convierten en un remolino de inconmensurables consecuencias.
Ni siquiera me ahorro las lágrimas.
Quiero llorar libremente, porque es lo único que me queda ahora…

Te extraño desde el dolor, desde la angustia de extrañarte, pero también desde la añoranza, desde el deseo que siempre ha guardado mi corazón: que te deshagas de amor por mí. Y eso, eso es peligroso para mi fragilidad emocional.

Deseo contarte que sueño con tu deseo, sueño con que dejes de temerle al juicio externo y escapes por mí, porque un beso o un abrazo mío lo compensan todo para ti. Que nada importe más que tú y yo.

Deseo compartirte que anhelo que me extrañes… pero no ese extrañar tuyo, raro, revuelto, que me enciende el corazón pero no tiene respuesta; que me dice que hay algo, pero no me demuestra el qué.
No.
No ese "te extraño" que se queda en cuentos, en la pantalla y en la imaginación.
No ese extrañar que evade, que solo tú disfrutas a la distancia, a lo lejos.
Ese anhelo seco y frío que te protege del amor.

No.
Sueño con que me extrañes tanto, lo suficiente como para conducir treinta minutos y llevarme a caminar.
Esa clase de extrañar que se alivia con el calor del cuerpo, con el brillo de una risa compartida.
Que sana lo que la distancia ha roto.
Quiero que me extrañes con calor, con verdad, con profundidad.
Desde el amor que quema.

Estoy cansada de lo tibio de tu tacto, cuando mi alma es fuego que no se extingue.
¿Por qué te asusta la pasión de mi corazón?
No quiero volver a apagarme solo para que te quedes.
Quiero vibrar en mi elemento natural…

Quisiera que tuvieras menos miedo a amarme, más ganas de recuperarme, y más deseo de vivir lo nuestro.

Quizá pido demasiado, pero desde el dolor que tengo, ya no creo poder obtenerlo.

Mi esperanza murió, y el miedo me agobia.
Pero soy demasiado blanda… la naturaleza de mi alma es seguir siendo amable, incluso cuando me destruiste entera y tuve que aprender a reconstruirme sola.

A veces desearía tener el valor suficiente para ignorar tus intentos de quererme.
Porque aunque los amo, no se sienten suficientes.


A veces quisiera decirte que sé que me vas a volver a lastimar, pero quiero darte el beneficio de la duda.
A veces quisiera hacerte saber que quiero huir, esconderme donde no me encuentres, y no tener que quererte desde este profundo dolor.

Solo estoy aquí, siendo amable contigo desde el amor que te tengo.
Aliviando la necesidad de tu alma.
Dejándome llevar, sabiendo que quizá mañana, o en un mes, me vuelvas a abandonar…
Que te vuelvas a alejar de mí, priorizando tu necesidad.

¿Qué haré, mi amor?
Cómo deseo que todo esto sea un mal sueño,
y despertar en la plenitud que me otorgue la estabilidad de un amor correspondido, recíproco… y tuyo.

¡Ámame!

Pero dejame ir...




No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Noches prestadas

 Que otra vez, porque otra vez… Otra vez. Soñando despierta con lo que anhelo, congelándome la piel con lo que es. Explorando las risas que ...