Lunes, 6 de mayo del año 2025
(Todavía.)
PRESENTE
Me dirijo a usted con estas humildes y respetuosas líneas para vomitar —sí, con dolor y sin ornamento alguno— el peso insoportable que, por su causa, mi corazón ha debido soportar.
Me veo, pues, en la penosa y amarga obligación de despedirme. De arrancarlo de mi pecho, de expulsarlo de mi mente y, si me es posible, del alma entera.
Lamentablemente, su presencia, aun ausente, continúa causando estragos que ya no deseo —ni puedo— tolerar.
Su recuerdo me asedia en las noches más oscuras, aquellas donde el insomnio se convierte en juez cruel, y el dolor de su ausencia me devuelve a la pesadilla de antiguos recuerdos felices, los cuales se tornan en imágenes rotas de lo que ya no será jamás.
¿Acaso es feliz con ella?
Le suplico que no me lo diga. No sabría soportar la confirmación de lo que, en el fondo, mi intuición ya me susurra.
No me compare, se lo ruego. El mundo no necesita otra mujer insegura por su causa… además de mí, claro está.
¿Cómo hizo usted para desalojarme de su vida con tal prontitud? ¿Qué historia se cuenta, señor mío, para poder sobrellevar tan livianamente lo que a mí me desangra?
¿Le ha contado al mundo alguna versión conveniente? ¿Se ha contado a sí mismo que jamás fui más que un pasatiempo prolongado por descuido?
¿Fui, al menos, un accidente feliz?
Me deshago de dolor cada día, mi amado hombre. Le extraño con cada fibra que me compone, aunque sé bien que esta carta jamás llegará a sus manos, ni rozará su indiferencia.
Lloro en silencio, me escondo de la vida mientras la angustia me consume. Pero no se inquiete, mi amor: no entraré en detalles. Usted ha decidido olvidarme. Y yo, por mi parte, he decidido llorarle hasta que ya no sienta nada.
Le deseo, con el último suspiro de amor que me queda, una vida hermosa.
Suya (o quizá ya no tanto),
Cervantes.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario