Yo quería quererte...
Abrí mi corazón a tu amor, y tú...
Tú solo seguiste siendo tú.
Te dejé entrar en mi vida con tanta facilidad, tan sencillo,
como quien abre una herida que aún no ha terminado de sanar,
como si el recuerdo de ti nunca hubiera dolido.
Volviste, y te abrí las puertas sin dudar.
Te conté mis secretos, mis logros, mi dolor.
Con inocencia y esperanza, usé tu culpa como refugio,
como si esta historia no la hubiera vivido antes...
Te dejé mirar mi nuevo cuerpo,
el que construí en tu ausencia,
con la ansiedad de la pérdida y el dolor del abandono.
Te dejé escuchar los latidos de mi corazón,
que cantan con miedo tu nombre.
Al final… eres el monstruo que lo dañó.
Te dejé acompañarme en mis noches vacías,
porque tu voz calentaba un poco mi alma;
era mejor que no tener nada.
Te permití ahondar en el infinito de mi memoria,
navegar por mi creatividad.
Te hablé como quien le habla a la luna:
inspirada, extasiada, feliz...
Te compartí mi cambio, mi evolución y mi fortuna.
Fui río, luz y presencia cuando más necesitabas de mí.
Yo también te extrañé, ¿sabías?
Te extrañé, lloré, te amé, te supliqué...
Yo también.
Pero yo no tenía a dónde correr.
Volví contigo para saborear tu rechazo
y tu indiferencia en mis labios salados.
Me aferré a tus brazos sintiendo tu fastidio y tu desespero.
Supliqué y busqué un poco de tu ternura,
un momento de ti...
Solo recibí negativas sin empatía,
y un adiós seco que me desilusionó
en esta y tres vidas más.
Pero… ¿y tú?
¿Qué recibiste tú de mí cuando volviste buscándome?
No hace falta que lo cuente...
Llegaste igual de sucio,
con la mente perturbada,
con las mismas heridas,
con el mismo trauma.
Volviste igual que cuando te fuiste,
quizá hasta un poco peor...
Volviste a generarme los mismos miedos.
Volviste a hablarme con la misma voz que miente,
con los mismos labios que me besan
y luego buscan otra piel.
Mienten. Hieren.
Volviste a mirarme con los mismos ojos
que se detienen en cuerpos ajenos.
Volviste para acariciarme con el mismo amor
que se desvanece cuando tú lo decides.
Yo no tengo nada en ti.
Solo la esperanza.
Solo el amor.
Y eso jamás va a ser suficiente.
Yo sí quería quererte.
Tú volviste con una promesa rota entre los labios,
y un ego que solo buscaba consuelo.
Yo te ofrecí amor,
y tú apenas buscabas una sombra donde no sentirte solo.
Te bastó mi cariño y mi presencia para calmar tu vacío,
pero nunca fue suficiente para tocar tu alma.

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