¿Qué se siente,
mirar en tus ojos mi amor desbordante y aún así desperdiciarlo?
¿Qué se siente, mi amor?
Sentir en tu cuerpo el calor de mi anhelo y aún así desear a otras;
como si hubieras levantado una barrera tú mismo
que ahora te impide conectar con lo que alguna vez buscaste.
¿No sientes nada al verme amarte tan intensamente y mentirme en la cara?
¿No te duele saber que crees engañarme?
¿No sientes remordimiento?
Porque no entiendo cómo puedes mirarme derretirme de amor por ti y después,
con descaro y sin filtros,
herirme con las mismas mentiras crueles de siempre.
Mi corazón no es vertedero de tus tormentas,
no es lugar para que dejes todo lo que no sabes sentir.
No soy el refugio donde esconder tu sombra cuando te asusta mirarla de frente.
No puedo arreglar tus dolores ni tus errores.
No quiero ser el lugar en donde dejas morir todo lo que no sabes cuidar.
Acepté tu amor,
pero no las mentiras que lo acompañan.
No quiero que alimentes las dudas que tú mismo sembraste en mí.
No quiero seguir gestando en mi alma las muchas heridas emocionales que disfrazaste de amor.
No quiero criar con tus migajas al fantasma de un miedo que nunca pedí.
No quiero vivir obligada a resistir el dolor de tu desprecio por la lealtad.
No me quieres. Solo quieres lo que te hago sentir.
Y me duele.
Me duelen tus frías promesas vacías.
La inconsistencia de tu comportamiento.
La decepción constante de tu descuido.
¿Es por alguien más?
Solo quiero callar las voces de mi dolor
que me recuerdan que tú simplemente sigues siendo tú.
Pero yo...
La que te ama sigue por ahí: justificando, suplicando.
Y yo... estoy agotada.
¿Cómo podemos ser ambas la misma?
Si no te quieres quedar, lo entiendo, amado mío.
Lo entiendo, y te dejo ir.
Pero quedarte así —a medias, con engaños y sin amor—
¿qué clase de vida me ofreces vivir?
Yo me quedo con el alma rota,
Y tú...
te quedarás con todo lo que fingiste sentir.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario