Por favor entiéndeme....
Aunque comprendo tu proceso y sé que tus palabras no salieron de tu alma con mala intención, mi corazón se hizo chiquito al saber que guardas ese amor para la mujer correcta...
Porque mientras yo soñaba con el día en que le daríamos a nuestros hijos su primer perrito, tú reservabas tu corazón para aquella con quien siempre quisiste formar una familia.
Y mientras yo tarareaba, en pequeños momentos, la canción que me imaginaba bailar contigo en nuestra boda, tú esperabas con ternura a la mujer que deseabas ver vestida de blanco en el altar.
Y aunque quizá esa mujer no exista en la realidad y solo extrañes los recuerdos difusos de tu futura esposa idealizada…
Yo estaba aquí.
A tu lado.
Preparando tu comida.
Amándote en cada mínimo gesto:
cortando tus hotcakes en forma de corazón,
poniéndole cuatro granitos de sal al agua porque así es como la prefieres,
midiendo la temperatura del café para que durara caliente pero no te quemara al tomar primer sorbo,
eligiendo siempre tu cuchara favorita, la que tú tomabas con regularidad y yo noté...
anotando mentalmente tu desayuno preferido para dártelo con frecuencia —pero no tan seguido como para que te aburriera el sabor—,
reconociendo tus prendas favoritas y procurando tenerlas limpias en tus cajones, solo por el placer de verte usarlas feliz… cómodo.
Quizá eso no arreglaba tu vida, pero hacía tus días un poco más alegres.
Y yo no necesitaba nada más.
Mientras tanto, tú pensabas en la mujer perfecta.
En que serías verdaderamente feliz si te casabas con alguien más.
Guardabas el amor que no me dabas, no por descuido, sino para no “malgastarlo” en alguien como yo.
Lo conservabas intacto, en silencio, esperando poder dárselo a ella:
a la mujer correcta.
Al amor de tu vida.
Y en el fondo…
siempre lo supe.
Que te conformabas conmigo mientras llegaba alguien mejor.
Que yo era lo que tenías… pero no lo que querías.
Que estabas conmigo porque yo te amaba,
pero no porque me elegías.
Jamás me sentí elegida.
Y con el corazón en la mano,
con la sinceridad de quien ya ha vivido el abandono,
de quien ya fue rota por el amor de su vida…
te pregunto, mi vida:
¿Y si no soy yo?
¿Y si solo no sabes cómo soltarme,
pero en el fondo, no soy tu hogar?
¿Qué tal si no soy tu sueño hecho mujer,
tu compañera de vida, ni tu refugio favorito?
¿Y si no soy el amor que te revoluciona el alma,
sino solo una estación cómoda mientras esperas tu verdadero destino?
Tu confesión no fue una sentencia,
pero sí me golpeó con una realidad inevitable
y una duda que ahora vive en mi pecho con nombre propio...
Quizá siempre mantengas abiertas tus opciones,
por si un día, sin planearlo, aparece ella:
tu certeza,el sueño que nunca se te desgastó.
La que no soy yo...
Si después de tanto tiempo aún dudas,
quizá ni mil terapias puedan enseñarte a amarme de verdad,
ni ayudarte a elegirme con convicción.
Quizá solo nos estamos convenciendo por ratos,
fingiendo pedacitos de futuro…
hasta que finalmente llegue ella
y yo tenga que volver a dejarte ir.
Entonces dime, mi amor:
¿qué hago?
¿Qué le digo a los niños de mi imaginación?
¿Qué le cuento a las flores que nunca quisiste darme?
¿Cómo me deshago de los sueños que tejimos en esta habitación?
¿Y si no soy yo…
la historia que tu alma quiere contar hasta el final?
No quiero forzar más una sueño de amor que solo vive en mi lado de la cama.
Mi amor, tal vez no sea yo...

No hay comentarios.:
Publicar un comentario